Capítulo 2: Nivel de Exposición a Riesgos



En el artículo anterior abordé la definición de riesgo y sus componentes: causa, evento aleatorio y efecto. Para evaluar riesgos, vimos también que es necesario primero establecer los objetivos sobre los cuales se realizará el análisis.


Con esa información se puede abordar la evaluación de riesgos de dos maneras:


Evaluación de Impacto y Probabilidad


Dependiendo del caso particular, se valoriza el impacto asociado a cada riesgo en una dimensión que permita comparar diferentes riesgos e incorporar el resultado en una evaluación. Normalmente se utiliza una valorización económica, en plazo (para revisar el avance de proyectos) o en otra dimensión de interés.


El análisis puede complicarse al considerar diversos escenarios en que el efecto particular debe ser valorizado individualmente. Por otro lado, cada escenario tendrá una cierta probabilidad de ocurrencia ya que estamos hablando de eventos aleatorios.


Si los escenarios y eventos considerados son posibles de modelar y representar matemáticamente, el análisis de riesgo se puede abordar por medio de herramientas hoy disponibles para ello (p.ej. basadas en el método de Montecarlo).


Suele ocurrir que el efecto no es fácil de valorizar y/o la probabilidad de ocurrencia no se puede estimar. En estos casos se suele recurrir a métodos cualitativos en que se usan categorías como “alto”, “medio” y “bajo” tanto para el impacto como para la probabilidad de ocurrencia. Esto permite priorizar rápidamente el trabajo sobre aquellos riesgos que aparecen con alto impacto y alta probabilidad de ocurrencia.


Lamentablemente, no siempre es posible usar el modelo matemático y, por otro lado, el método cualitativo depende siempre del criterio del evaluador y su resultado es entonces subjetivo.


Evaluación de la Causa


Otra alternativa para evaluar riesgos consiste en trabajar con el tercer componente del riesgo: la causa. Si se pueden eliminar o modificar las condiciones que generan un riesgo, se estará afectando la probabilidad de ocurrencia del mismo o el impacto que el evento aleatorio puede provocar. Por ejemplo, en el caso de riesgo de accidente vehicular, como causa podemos identificar el realizar un viaje en automóvil y la velocidad a la que éste será conducido. Si no realizamos el viaje, la probabilidad baja a cero; si viajamos a una velocidad moderada, el impacto de un eventual accidente se reduce.


Las condiciones que causan un riesgo se pueden contrastar contra estándares, regulaciones o buenas prácticas. Esto permite medir el nivel de preparación frente a un cierto riesgo. Esto es lo que denominamos Nivel de Exposición a Riesgos. Conocido este nivel de exposición, el análisis se puede realizar por área y por riesgo, permitiendo priorizar el trabajo de gestión de éstos.



Conclusión


Para evaluar riesgos podemos valorizar sus impactos y estimar su probabilidad de ocurrencia. Se han desarrollado para ello herramientas matemáticas cuantitativas y otras de tipo cualitativo. Las primeras, son útiles cuando los fenómenos se pueden modelar matemáticamente, y las segundas para evaluaciones rápidas y priorización.


Si la evaluación se hace a nivel de causas, es posible medir en base a estándares y normas el nivel de exposición frente al riesgo. Esto permite enfrentar situaciones en que la probabilidad de ocurrencia es difícil de estimar y/o cuando el efecto no se puede valorizar.


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