Capítulo 3: Apetito de Riesgo


El riesgo es parte de la vida. Es más, se puede afirmar que sin riesgo no hay progreso. Incluso, en general reconocemos que mayores niveles de exposición a riesgo generan un mayor nivel esperado de rentabilidad.


Entonces, ¿porqué no arriesgar más? ¿porqué no arriesgarlo todo? Al tratarse de situaciones en que existe incertidumbre, la posibilidad de que el resultado sea negativo nos hace evaluar si el potencial premio compensa el riesgo de pérdida.


El nivel de riesgo adecuado es un tema absolutamente personal. Cada uno de nosotros acepta, para diferentes circunstancias, un nivel de riesgo que nos permite actuar con cierta tranquilidad. El rango de niveles de riesgo con los que nos sentimos cómodos, es lo que se denomina Apetito de Riesgo.


Esto es también aplicable a las organizaciones. En ese caso el apetito de riesgo es definido por el o los dueños, tanto en forma explícita (por medio de políticas, etc.) o en forma implícita a través de la forma en que opera y toma sus decisiones a diario.


Apetito, Tolerancia y Capacidad de Riesgo


Para ilustrar estos conceptos utilizaré como ejemplo la forma en que conduzco mi automóvil en carretera. Como siempre, para definir el riesgo debo señalar primero mi objetivo: en este caso es el no sufrir un accidente y llegar en un tiempo razonable a mi destino. Usualmente, en condiciones diurnas conduzco mi vehículo al límite de la velocidad permitida (me ajusto al estándar). Con esa velocidad me siento cómodo y seguro. Sin embargo, puedo conducir a menor velocidad si siento que tengo tiempo de sobra, aunque no lo haré a menos de 100 km/h en autopista. Menor velocidad me parece un despropósito en ese tipo de carretera. Esto refleja que mi apetito de riesgo en este caso se manifiesta en un rango de velocidad entre los 100 y los 120 km/h.


Si por alguna razón ocurre un imprevisto o si estoy atrasado probablemente conduciré a una velocidad mayor. Esto no es lo normal, pero puedo tolerar bajo ciertas circunstancias viajar a mayor velocidad. Esto es lo que se denomina tolerancia al riesgo. Es una condición especial, en la cual opero fuera del rango de mi apetito al riesgo. Si retiro o elimino las condiciones especiales, volveré a operar dentro de mi rango normal (en el ejemplo, volveré a reducir la velocidad).


Finalmente, ante una emergencia importante estaré dispuesto a manejar mi automóvil a una velocidad aún mayor. Probablemente a la máxima velocidad en la que sienta que puedo controlar el vehículo. Esta condición corresponde a mi capacidad de riesgo. No hay ninguna circunstancia que pueda hacer que conduzca mi automóvil a una velocidad mayor, exponiéndome a un riesgo más elevado.


Conclusión


Es importante para toda organización conocer y definir estos parámetros en los diferentes ámbitos de su operación.


Conocer el rango de apetito de riesgo permite detectar situaciones en que se opera tanto por sobre como bajo él. Operar bajo el límite inferior implica que se están gastando recursos innecesariamente o que se están perdiendo oportun


idades de aumentar la rentabilidad.


Se deben además definir las situaciones en que es aceptable operar por sobre el límite superior (zona de tolerancia al riesgo) de modo que los tomadores de decisiones tengan las atribuciones necesarias para continuar operando en esos casos.


Conocer la capacidad de riesgo define también el límite en que se permitirá operar sin poner en riesgo intolerable o inaceptable a la organización.


Pablo Matamala P.

SRM Engineering

#Riesgo

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